jueves, 6 de septiembre de 2018

Fábula

Tengo que abandonar la idea de que su llegada va a a ser extrema, de que conocerla va a ser palco de teatro. No va a haber un silencio entre su aparición y mi mirada boquiabierta ni va a llevar de un sacudón su melena hacia la izquierda. No va a haber un milagro de supermercado ni un aullido de ballena.

Tampoco se verá descalza como creo, no va a llover justo cuando encontremos un hueco estrecho bajo algún toldo a rayas ni vamos a tener una primera charla plagada de coincidencias. No voy a parecerle lo que sé que no puedo ser, no vamos a agarrarnos de ángeles desprevenidos ni ser los dioses de una chance improbable. Nada de lo que ha dicho mi devaneo será cierto ya que ninguna promesa me va a zamarrear cuando la vea.

Abandonar la fábula estrecha la panza y hace doler los dientes, es una adicción extraña percibir que puede andar cerca.

Entender de una vez que no habrá azules exactos ni necesidad de recreos ante una incredulidad geométrica, que no voy a saber llegar un minuto antes por instinto ni va a estar donde debería estar a la hora de la siesta. El as de corazones acaba siempre en la manga pero de alguna manera es sabido que llegó ahí por la destreza del mago, por eso entiendo que va a costar querernos, con las dudas y la realidad peleándose por el asiento de discapacitados, por eso no estamos entre los libros ni entre los parques, por eso no vamos a viajar en el mismo tren mirando por esa ventana empañada ni vamos a recoger al mismo tiempo la misma moneda.

Pero aunque pretendo convicción siento esa falta de niñez caprichosa, el destino es ciencia ficción barata que no para de vender plateas, me cuesta asumir que no voy a encontrar su mano injustificada ni que sus palabras podrán anticiparse a mi sonrisa; que en este caso la poesía va en reversa y nuestra belleza, de nacer, se forjará de los defectos más humanos y aprendidos. Asumir que no existimos, y que es incoherente que me siga escondiendo en su ausencia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario