Tengo que abandonar la
idea de que su llegada va a a ser extrema, de que conocerla va a ser
palco de teatro. No va a haber un silencio entre su aparición y mi
mirada boquiabierta ni va a llevar de un sacudón su melena hacia la
izquierda. No va a haber un milagro de supermercado ni un aullido de
ballena.
Tampoco se verá descalza
como creo, no va a llover justo cuando encontremos un hueco estrecho
bajo algún toldo a rayas ni vamos a tener una primera charla plagada
de coincidencias. No voy a parecerle lo que sé que no puedo ser, no
vamos a agarrarnos de ángeles desprevenidos ni ser los dioses de una
chance improbable. Nada de lo que ha dicho mi devaneo será cierto ya
que ninguna promesa me va a zamarrear cuando la vea.
Abandonar la fábula
estrecha la panza y hace doler los dientes, es una adicción extraña
percibir que puede andar cerca.
Entender de una vez que
no habrá azules exactos ni necesidad de recreos ante una
incredulidad geométrica, que no voy a saber llegar un minuto antes
por instinto ni va a estar donde debería estar a la hora de la
siesta. El as de corazones acaba siempre en la manga pero de alguna
manera es sabido que llegó ahí por la destreza del mago, por eso
entiendo que va a costar querernos, con las dudas y la realidad
peleándose por el asiento de discapacitados, por eso no estamos
entre los libros ni entre los parques, por eso no vamos a viajar en
el mismo tren mirando por esa ventana empañada ni vamos a recoger al
mismo tiempo la misma moneda.
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