jueves, 6 de septiembre de 2018

Exclusiva

No sé si voy a escribir sobre vos, y no me refiero a escribir encima tuyo... Mal chiste, de vos digo. No sé si va a ser de tus cosas, puede que escriba de mis cosas infectadas por las tuyas, ahí sí. Quizás influyas en esta tarde tan repleta de azar. Puede... que me acompañes al escribir esto, pero no sé si me atrevo a llamarte exclusiva.

De un yo mareado capaz que escriba, con la baba que se me cae por imaginarte contenta. Sería más de mí, ¿no?. Es escribir sobre mí por vos. ¿O soy un chanta?. ¿Y estoy escribiendo de vos, y listo?.

Si tengo que traer ese momento en que decidí escribir esta carta, machacando mi piel bajo el sol de las dos de la tarde, diría que pensaba escribirla como soltándole la correa a la coherencia, con una libertad casi peligrosa para la gramática, con mis sensaciones e imágenes un tanto berretas, dejándote entrar de a versos como a una pincelada violeta o amarilla. Chillona. Comestible.

Hasta ahora veo que la coherencia sí que corretea con la lengua afuera, aunque la libertad ha puesto el guiño siempre hacia donde estás vos. ¿Pero como diferencio las imágenes que se transforman por tu culpa de las que transformó el libro que estaba leyendo? A su vez, ¿cómo sé que la sensación de suspiro dulce que me produjo ese libro no fue por compararlo con la chance... con el quién te dice que...? .

Como viene la mano debería, pero el principio de la carta no lo cambio, así sea de una obviedad contundente que el guiño vaya siempre hacia tu izquierda, o que la libertad tenga de libre lo que yo de pez martillo. Porque hasta el final no sé si voy a darme cuenta de que soy tozudo, o porque simplemente queda bien empezar mirando hacia otro lado e ir de a poco bajando los peldaños hipócritas hasta la verdad irrefutable: Hoy parece que todo es tuyo. Mamita qué párrafo... ¿Sabés qué pasa?. Que si tengo que modificar ese inicio dual tendría que arrancar con una comparación que tiene de velo lo que un film plástico adhesivo.

Podría ser que no cambie el principio y suelte ese otro inicio más sincero recién en este sexto párrafo: Ayer contaba de aquel día en que me morfaron las pulgas, y que aunque quería andar por la calle contento, una voz repetía: “Te pica, te pica, te pica, te pica, te pica, te pica”. Y ni siquiera calmó cuando yo me arremangué los pantalones junto a la dignidad indumentaria en el metro. Ni a la noche con las sábanas enemigas, ni al otro día con la crema antiálgica... Ni siquiera con la bomba insecticida, que cuando diezmaban unas picaduras aparecían otras nuevas para reemplazar el recuerdo...

¿Hace falta?. No creo... No, ¿ah? ¿Es demasiado cursi poner “me picás”?. Puede que sí.

Gotea que da miedo este texto, parece un mix de golosinas derretidas.

De las pulgas me salvé alejándome de esa casa, de la beatificación de aquel abrazo sólo me podés salvar vos. ¿Ves?. Todavía puedo ser más cursi.

En fin, exclusiva (que a estas alturas no vale la pena renegar), significa que excluye todo lo demás. Que repele o que hace rebotar como una pared a una pelota de goma. Por ejemplo, si un club es exclusivo significa que sólo deja entrar a cierta gente, pero para que exista esa exclusividad tiene que haber quienes sí tienen permitido el acceso para hacer rebotar al resto. Entonces no es que hoy hayas sido exclusiva al no dejar entrar a nadie más que a vos a esta tarde, cómo vas a ser vos la que excluye al resto si no sos parte de la comisión directiva de todas estas horas ni de mi cerebro. Soy yo. Mi cabeza ha sido exclusiva, y sin esta suerte de explicación suena a cabeza de marca, a cabeza cara. Pongamos que lo reescribo abajo para ver cómo suena, una última frasecita repetida y como de juguete, total la coherencia ya anda suelta por algún callejón de Nicaragua o de Marruecos.


He tenido una tarde super exclusiva, y hasta me da penita que andes tan sola por mi mente dando vueltas, aburrida, enchastrada por las brochas, que ahora cabizbajas, amarillas y violetas, reposan a tus pies como dos cachorros de arcoiris.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario