El productor ejecutivo de
una película que fui a ver ayer, el doctor que viene a dar un curso
de masajes orientales en octubre (un chanta la verdad). Un diseñador
de vestidos de gala, un beisbolista norteamericano (iba a la pasada
con el control remoto buscando algo específico en la tele, y como
los jugadores llevan sus nombres en la espalda...). Ah, y la marca de
unas bolsas térmicas, excelentes para cocinar en microondas.
No sé si tu apellido es
demasiado llamativo, de esos que titilan. Esos que si aparecen... te
das cuenta. La cosa es que se me cruzó varias veces, para qué tanta
historia.
La prosa poética, en mi
caso, suele carecer de opciones: O te quiero o ya no. O me querés o
ya no. O la soledad o el retozo. Porque si me dispongo a hablar de la
noche va a ser porque estoy o porque no estoy con vos (digo vos, pero
podría ser cualquiera). Si voy a hablar del café, únicamente del
café, y me dispongo a escribir una Oda al Café con Leche, va a ser
porque te tengo o porque te has ido (te repito, el “vos”
ejemplifica un personaje). De manera encubierta la prosa poética, en
mi caso de nuevo, se presenta monotemática, casi autodidacta (no te
hagas esperanzas, ya vas a ver como el texto se encamina hacia otro
lado. A propósito, no me parece correcto poner corchetes para hacer
oootro paréntesis dentro de este, a ver cómo lo hago...
ma'sí, lo digo así nomás:
¿Hacerte esperanzas? Si ya de por sí son agónicas, ponerse a
hacerlas, mamma mía
que paciencia). Ahora supongamos que soy un mafioso: “Este
último paréntesis fue una advertencia, ¿ok?. Esta prosa va a ser
divertida, sobre una casualidad, punto”.
Pero ahí estaba tu
apellido, que todos sabemos que ni es González ni es Xâelehn. Y yo
dije, “¿Por qué no una prosa? Poéticos son los trapos”.
Y como ya sé que todo lo
que describo suele ser una especie de rotonda de ciudad grande (“dale
Pedro, ¡cómo mierda salimos de acá!”), primero me propuse dejar
de proferir palabortas y después elegir bien las imágenes. Además
empezar a descartar un “proferir” para empezar a decir “decir”.
También rimar mejor que eso, y no abusar de la repetición. ¡Y a
pasarla bien, es domingo, qué embromar!
Tu apellido se repitó en
ciertos escenarios de mi semana, ¿y qué? (no habrás pensado que
iba a poner “de mi vida”, esto-no-es-una-prosa-poética para
vos).
No vamos a empezar con
que te extraño, con que la luna se me cae a pedazos después de las
siete de la tarde. Tampoco quiero ponerme abstracto, es decir que si
voy a buscar imágenes, mejor que sean facilitas. Hoy estoy
“muy así”, muy top-joven.
Sobre todo porque hace
tiempo que prefiero que me lea alguien... y cuando digo alguien es
alguien, no importa quién. No sos vos en especial, ya hoy no escribo
para vos. Es más, en este
momento mi madurez te saca una lengua hipotética, y pone los
pulgares en las sienes, con las palmas abiertas en dirección a tu
hipotética cara de culo, y en esa posición agita los dedos como si
tocase el piano. Pulgares-dedos-lengua... Esa imagen es para vos,
pero la prosa no. La prosa es para alguien que quizás en este
momento está apretando una pequeña sonrisita porque detectó la
imagen, o sea, te cuento un secreto... se te está riendo en la jeta.
Imagen
simple, a eso me refería, al párrafo de arriba (que oración más
fiera)... Otra imagen
divertida sería traer a un profesor de literatura, un señor alto e
imaginario que por ejemplo diga: “¿Qué es la prosa poética?
Vamos, alguno... No quiero escuchar la definición que les dicté, lo
que les salga, vamos.” . Menos mal que no estoy en su clase, no
tengo la más pálida idea (no tener ni una idea pálida, tan usado y
tan bonito, debería usarse menos o apreciarse más). Sólo supongo,
porque en este caso saber es cosa de las matemáticas, que la prosa
poética es estar sensibilizado vaya-a-saber por qué, y tratar de
escribirlo másss o
menos como la gente (y ojalá salga mejor que la gente, porque
últimamente... y rima fea de nuevo, pero es que la gente). Sin
personaje ni trama, en mi caso (no me hago cargo de toda
prosa poética, porque como dije, no tengo la más pálida idea,
además ya aclaré que no va a ser “poética”. Así que ni sé
por qué me preocupo en responderle al profe de
mentira). En fin, decía que hay una similitud, y seguimos con mi
caso. No hay personaje, ni se habla de lo que hagas o de lo que hayas
hecho. No hay historia... tomá otra vez la imagen:
Pulgares-dedos-lengua.
Me
topé un par de veces con tu apellido, no significa nada (no iba a
poner “nada”, las palabras que empiezan con “n” son
peligrosas, pero para explicar eso tenía que poner “nada”. Y
nada, lo puse).
Estoy
pasando un lindo momento che,
he metido unos fados bien altos en mis auriculares, he abierto las
ventanas para que corra el aire (más bien para que vuele), a su vez
he abierto y cerrado paréntesis con cositas dentro, con mucho más
que los puntos suspensivos que tantas veces uso como imagen triste.
Entonces no es que no signifique “nada”, pero la conclusión que
saco es que la aparición casual de las letras de tu apellido, todas
juntas, me sirvieron para pasar con placer la tarde... Et
Voilá.
Porque
no ha habido una felicitación para tu carne ni para tu pelo (esto
que acabo de decir no es un piropo, te aclaro), es una prosa poética
que nació sin bracitos, o sin piernas, que se quedó en prosa a
secas. Perdón si he generado una imagen morbosa, pero como escritor
amateur desbarranco que da miedo. Es decir que a pesar de los errores
o de los aciertos (eso se mide en sonrisas, sonrisas que quien
escribe por lo general no logra ver); a pesar de hacerlo bien o de
hacerlo mal: A vos ni te detallo. A su vez espero que quien me lea no
sienta la curiosidad de imaginar tu altura o el color de tus ojos,
mientras me preparo para escribir otra vez lo mismo. Tomá: Pulgares-
dedos-lengua, no puse ni un color ni los centímetros, hasta ahora no
sos más que una ameba, un protozoo.
Y
esa última aclaración me lleva a otro punto importante, me
parecería sensato mandar este texto a un concurso literario... por
qué no. La sorpresa que se llevarían, con tanta basura enroscada. A
los miembros del jurado, les pregunto: ¿Sabéis vosotros (tomá, los
trato de usted), sabéis lo que en la jerga 2.0 significa “dijo
el otro”? Bueno, dijo el otro
que lo voy a mandar.
Sí,
seguro, este texto ha sido para vos, se nota muchísimo que no es que
al toparme con tu apellido unas cuantas veces se me haya ocurrido
algo como ésto, sino que me llueve en el alma. Oh dios dame fuerzas
para no desvelarme por su ausencia, no me amenaces con balcones
altos, oh dios, acaricia el cuello del tormento. Tomá vos también,
dijo el otro. Y pulgares-dedos-lengua... y ahora sí, con todo el
sentido doble del mundo te juro, esto se acabó.
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