domingo, 14 de septiembre de 2014

Tu apellido en prosa, de poética ni hablar





El productor ejecutivo de una película que fui a ver ayer, el doctor que viene a dar un curso de masajes orientales en octubre (un chanta la verdad). Un diseñador de vestidos de gala, un beisbolista norteamericano (iba a la pasada con el control remoto buscando algo específico en la tele, y como los jugadores llevan sus nombres en la espalda...). Ah, y la marca de unas bolsas térmicas, excelentes para cocinar en microondas.

No sé si tu apellido es demasiado llamativo, de esos que titilan. Esos que si aparecen... te das cuenta. La cosa es que se me cruzó varias veces, para qué tanta historia.

La prosa poética, en mi caso, suele carecer de opciones: O te quiero o ya no. O me querés o ya no. O la soledad o el retozo. Porque si me dispongo a hablar de la noche va a ser porque estoy o porque no estoy con vos (digo vos, pero podría ser cualquiera). Si voy a hablar del café, únicamente del café, y me dispongo a escribir una Oda al Café con Leche, va a ser porque te tengo o porque te has ido (te repito, el “vos” ejemplifica un personaje). De manera encubierta la prosa poética, en mi caso de nuevo, se presenta monotemática, casi autodidacta (no te hagas esperanzas, ya vas a ver como el texto se encamina hacia otro lado. A propósito, no me parece correcto poner corchetes para hacer oootro paréntesis dentro de este, a ver cómo lo hago... ma'sí, lo digo así nomás: ¿Hacerte esperanzas? Si ya de por sí son agónicas, ponerse a hacerlas, mamma mía que paciencia). Ahora supongamos que soy un mafioso: “Este último paréntesis fue una advertencia, ¿ok?. Esta prosa va a ser divertida, sobre una casualidad, punto”.

Pero ahí estaba tu apellido, que todos sabemos que ni es González ni es Xâelehn. Y yo dije, “¿Por qué no una prosa? Poéticos son los trapos”.

Y como ya sé que todo lo que describo suele ser una especie de rotonda de ciudad grande (“dale Pedro, ¡cómo mierda salimos de acá!”), primero me propuse dejar de proferir palabortas y después elegir bien las imágenes. Además empezar a descartar un “proferir” para empezar a decir “decir”. También rimar mejor que eso, y no abusar de la repetición. ¡Y a pasarla bien, es domingo, qué embromar!

Tu apellido se repitó en ciertos escenarios de mi semana, ¿y qué? (no habrás pensado que iba a poner “de mi vida”, esto-no-es-una-prosa-poética para vos).

No vamos a empezar con que te extraño, con que la luna se me cae a pedazos después de las siete de la tarde. Tampoco quiero ponerme abstracto, es decir que si voy a buscar imágenes, mejor que sean facilitas. Hoy estoy “muy así”, muy top-joven.

Sobre todo porque hace tiempo que prefiero que me lea alguien... y cuando digo alguien es alguien, no importa quién. No sos vos en especial, ya hoy no escribo para vos. Es más, en este momento mi madurez te saca una lengua hipotética, y pone los pulgares en las sienes, con las palmas abiertas en dirección a tu hipotética cara de culo, y en esa posición agita los dedos como si tocase el piano. Pulgares-dedos-lengua... Esa imagen es para vos, pero la prosa no. La prosa es para alguien que quizás en este momento está apretando una pequeña sonrisita porque detectó la imagen, o sea, te cuento un secreto... se te está riendo en la jeta.

Imagen simple, a eso me refería, al párrafo de arriba (que oración más fiera)... Otra imagen divertida sería traer a un profesor de literatura, un señor alto e imaginario que por ejemplo diga: “¿Qué es la prosa poética? Vamos, alguno... No quiero escuchar la definición que les dicté, lo que les salga, vamos.” . Menos mal que no estoy en su clase, no tengo la más pálida idea (no tener ni una idea pálida, tan usado y tan bonito, debería usarse menos o apreciarse más). Sólo supongo, porque en este caso saber es cosa de las matemáticas, que la prosa poética es estar sensibilizado vaya-a-saber por qué, y tratar de escribirlo másss o menos como la gente (y ojalá salga mejor que la gente, porque últimamente... y rima fea de nuevo, pero es que la gente). Sin personaje ni trama, en mi caso (no me hago cargo de toda prosa poética, porque como dije, no tengo la más pálida idea, además ya aclaré que no va a ser “poética”. Así que ni sé por qué me preocupo en responderle al profe de mentira). En fin, decía que hay una similitud, y seguimos con mi caso. No hay personaje, ni se habla de lo que hagas o de lo que hayas hecho. No hay historia... tomá otra vez la imagen: Pulgares-dedos-lengua.

Me topé un par de veces con tu apellido, no significa nada (no iba a poner “nada”, las palabras que empiezan con “n” son peligrosas, pero para explicar eso tenía que poner “nada”. Y nada, lo puse).

Estoy pasando un lindo momento che, he metido unos fados bien altos en mis auriculares, he abierto las ventanas para que corra el aire (más bien para que vuele), a su vez he abierto y cerrado paréntesis con cositas dentro, con mucho más que los puntos suspensivos que tantas veces uso como imagen triste. Entonces no es que no signifique “nada”, pero la conclusión que saco es que la aparición casual de las letras de tu apellido, todas juntas, me sirvieron para pasar con placer la tarde... Et Voilá.

Porque no ha habido una felicitación para tu carne ni para tu pelo (esto que acabo de decir no es un piropo, te aclaro), es una prosa poética que nació sin bracitos, o sin piernas, que se quedó en prosa a secas. Perdón si he generado una imagen morbosa, pero como escritor amateur desbarranco que da miedo. Es decir que a pesar de los errores o de los aciertos (eso se mide en sonrisas, sonrisas que quien escribe por lo general no logra ver); a pesar de hacerlo bien o de hacerlo mal: A vos ni te detallo. A su vez espero que quien me lea no sienta la curiosidad de imaginar tu altura o el color de tus ojos, mientras me preparo para escribir otra vez lo mismo. Tomá: Pulgares- dedos-lengua, no puse ni un color ni los centímetros, hasta ahora no sos más que una ameba, un protozoo.

Y esa última aclaración me lleva a otro punto importante, me parecería sensato mandar este texto a un concurso literario... por qué no. La sorpresa que se llevarían, con tanta basura enroscada. A los miembros del jurado, les pregunto: ¿Sabéis vosotros (tomá, los trato de usted), sabéis lo que en la jerga 2.0 significa “dijo el otro”? Bueno, dijo el otro que lo voy a mandar.

Sí, seguro, este texto ha sido para vos, se nota muchísimo que no es que al toparme con tu apellido unas cuantas veces se me haya ocurrido algo como ésto, sino que me llueve en el alma. Oh dios dame fuerzas para no desvelarme por su ausencia, no me amenaces con balcones altos, oh dios, acaricia el cuello del tormento. Tomá vos también, dijo el otro. Y pulgares-dedos-lengua... y ahora sí, con todo el sentido doble del mundo te juro, esto se acabó.



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