miércoles, 24 de septiembre de 2014

Deberías


Podrías estar frente al espejo del baño: “A que me corto el pelo” (tus manos que lo anidan hacia arriba para el resultado teórico), hacer una pausa; “sino hago cambio radical de color” (tu cabeza que va y viene buscando ángulos y luces), podrías quedarte quieta un instante más... “Ya veremos” (finalmente la pelambre que cae ululante a su lugar y el espejo que te devuelve el sensual beso de despedida).

Quizás podrías hacerte otro té con leche, tan ameno a media mañana. Deberías estar orgullosa por haber lavado los platos después del atracón nocturno de yogur griego, orgullosa, por no haber postergado el tedio para la carota de sueño despeinada.

Deberías perfumar tu aliento con esos sueños a cualquier hora, dejar colgar tus brazos boca arriba, volátil, preguntarte si las sábanas seguirán oliendo a suavizante. Entender que hoy tenés tiempo para caminar distancias no caminables, y que ese “hoy” no excluye “mañanas”. Divagar entre tus párpados perdidos, contemplar bien a propósito, sonreirle al recuerdo de aquella batalla de pelota-paleta que te vio ganadora irrefutable. Resumo, deberías-fiaca.

Después preparar las uvas sin semillas para dos o tres desayunos inminentes, en mitades, sin hacer trampa, o sin hacer tanta. Cuchillito en mano pensar que aquel buen mozo puede tartamudear por vos, con la barba de dos días, con sus adulantes patas de gallo tipo sexo en blanco y negro, con la mirada que tanto erotiza, adonis idealizado, adonizado, ideonis... Deberías estar suspirando tus propias hormonas inocentes.

Podrías adivinar de qué es el incienso que avivó la vecina, si acaso es el viento el que lo convida o si el humo es independiente y generoso. Cerrar los ojos y mirarte las manos a través de la ceguera, hacerlas bailar como pequeños manojos árabes, tararear otro momento envidiable. Acaso que un estornudo te deshipnotice de golpe y asustarte de risa. Deberías-frescura.

Quizás no deberías ir a la playa, aprovechar que el almuerzo se llevó todos los niños de la cuadra. Regar las plantas aunque haya llovido ayer, dejar de luchar contra el imán de la hamaca y acostarte mais uma vez, buscar gotitas redondas arriba de las hojas recién acariciadas, verlas luego resbalar hasta la punta, desbordarse, despedirse, hacerse tierra.

Deberías arquear tus cejas hacia el sol, atrás tuyo, muy atrás, tener que darte vuelta, encandilarte: Hora del mate. Juntarlo con “sanguchitos” potentes para encontrar la comida ausente del mediodía. Podrías estirarte con tal placer que la pava te mire embobada, tanto que se le hierva el agua, tanto que deba silbar un perdón agónico. “Chorrito de agua fría, no pasa nada... metal precioso”. Podrías hasta decir “metal precioso” como Marylin Monroe.

Tal vez la vecina te acepte uno o dos matecitos, yugoslava y todo. “Cosa amarga lo parió, no hay caso", yugoslargenta al tanto de tu léxico pero no de ciertas tradiciones. Deberías agradecerle el olor a vainilla de hace un ratito, aunque te distraigas en el camino y digas chau con las gracias mudas: mueca arriba, mueca abajo.

Podrías volver, así como quien no quiere la cosa, a buscar en tu cabeza al barbudo mam-mito mío, chapotear eléctrica entre “ays” y “ahs”.

Podrías entrelazar la lengua con los labios en modo manualidades y así cambiar la yerba para recobrar la verde espuma, mientras que a tus espaldas se está despidiendo el sol. “Bueeeeno, no escuché que te ibas, estaba distraída con la bombilla...chau, sí, chau”. Deberías-hispano-sol-parlante.

Quizás deberías suponer que alcanza con lo que protege el tupper, pero él hace las cuentas de lo que pesa y te sugiere un arrocito para acompañar: Milagroso gramíneo polifacético. La idea te acomoda un pequeño placer en la calma... ya la cena está pactada. Deberías cebar otro antes de que se enoje el atardecer, no amante de los planes, planeador de los amantes. Otro “ay” y un hurra por lo que sea que esté haciendo el adonis y su barba.

Tanto “podrías”, “deberías”, y se hace de noche.

No me atrevo a “deberías” sobre el transcurso de la cena o a “podrías” sobre volver a lavar los platos antes de dormir. Mejor dejar a la luna sobre la mesa, al tecito de hierbas y pijamas. Por las dudas nada de “podrías” almohadón o “deberías” peluche de la infancia. Sin dudas yo-no-debería imaginar tus horas de sueño y suponer tu posterior mañana, yo-no-debería porque ya la idea de terminar este día hipotético me está costando como escribir sin levantar la lapicera. Yo-debería llegar hasta acá con las letras, hasta donde pude, y vos.... ojo que no es una exclusividad mía, te lo dice también el aire que se escapó de un globo, la cola de un perro, te lo piden unas germinaciones que respiran, un vestido de novia que contempla un reloj, las lágrimas de un fado, toda señora de más de noventa años. No soy sólo-yo el que te lo dice, de verdad, cada frasquito chico del mundo lo lamenta... podrías haberte quedado.




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