miércoles, 14 de mayo de 2014

Tarde 1 - Hescritor 0

No era necesario que la tarde sea tan honesta.

Cuatro ceniceros llenos de tiempo, mis manos frías y este texto presentido antes de que se ensucie con decadencia.

La tarde estuvo también un tanto ajena, quizás cansada de ver a este personaje tratando de explicar otra vez la reincidencia grisácea y la baba en las pupilas.

Tarde perspicaz... parece que sabía que estoy un poco maldito.

Pero no es mi culpa, ya que vamos a hacer un frente a frente (la tarde contra el sol y yo contra algo más parecido a la vida), le explico por qué no ha servido para nada su visita hipócrita. Sí, el cielo estuvo enmarcado en la ventana, ordenando su gama de azules y negros; no me generó nada. Sí, hubo pájaros que volaban o que dormían, malagradecidos y estúpidos, que no estaban por ahí o que no los veía, o que me daba lo mismo. Sí, pensaba escribir sobre mi vecina que reniega cada día con su celular, con su anti-pijama violeta, con sus plantas que se secan como su pelo, y otra vez con su teléfono porque no le devuelve los gritos; pero no. No hubo allí poesía.

Ahora la tarde insensible se pone ansiosa, me apura el vaso tibio de vino (que no son horas de andar tomando, dice); papeles arrugados se arrinconan con decenas de acciones tachadas, vestimentas alternativas, candor, no, mujer (a fin de cuentas...), ojos sin venda, que no lloran, que sí, que lo hacen poco a poco, balcones autodidactas, casi, porque los balcones son lo más parecido que existe a una vida en otra vida, porque los vecinos de balcones, amarga vecina...No, no. Nada.

Amontono renglones tarados en esta tarde noqueada, soy un sordo que escucha y que después escribe que no entiende la trama. Prosa absurda. Qué-tarde-tan-idiota.

La existencia tiene que haber hecho trampa, la vecina barre mis letras con el ceño fruncido y la hora en que todos duermen no despierta. Necesito intentar esos sueños, depositarme en ese rincón certero entre mujeres sin rostro ni voz que me observan desde sillas inexistentes en bancos de plaza inventados, percibir así primaveras que saben saltearse las partes aburridas y divagar casi inconsciente en el meollo de la farsa. Inmediata-mente-no-ser-vivo.


Si al otro día, porque “mañana” no existe... me dejo en la noche la claridad diurna, (espejo con la luz de frente); caerán otra vez palabras que no saben de qué se trata ser varias letras, explotará una vecina que no podrá dejar de ser mi vecina, que no podrá ser huella. Habrá pájaros que no aprecian que vuelan, ceniceros con olor a noche, y yo volveré a decir que la tarde no es ninguna víctima, autocompasivo, escritor de adorno, ¿ahora te importa el final de este papel de aluminio, de esta tapa a rosca, de esta suela? Animate. Poné lo que quieras, poné hangustia con hache, poné zoledad con zeta.

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