No
era necesario que la tarde sea tan honesta.
Cuatro
ceniceros llenos de tiempo, mis manos frías y este texto presentido
antes de que se ensucie con decadencia.
La
tarde estuvo también un tanto ajena, quizás cansada de ver a este
personaje tratando de explicar otra vez la reincidencia grisácea y
la baba en las pupilas.
Tarde
perspicaz... parece que sabía que estoy un poco maldito.
Pero
no es mi culpa, ya que vamos a hacer un frente a frente (la tarde
contra el sol y yo contra algo más parecido a la vida), le explico
por qué no ha servido para nada su visita hipócrita. Sí, el cielo
estuvo enmarcado en la ventana, ordenando su gama de azules y negros;
no me generó nada. Sí, hubo pájaros que volaban o que dormían,
malagradecidos y estúpidos, que no estaban por ahí o que no los
veía, o que me daba lo mismo. Sí, pensaba escribir sobre mi vecina que reniega cada día con su celular, con su anti-pijama violeta, con
sus plantas que se secan como su pelo, y otra vez con su teléfono porque no le devuelve los gritos; pero no. No hubo allí poesía.
Ahora
la tarde insensible se pone ansiosa, me apura el vaso tibio de vino
(que no son horas de andar tomando, dice); papeles arrugados se
arrinconan con decenas de acciones tachadas, vestimentas
alternativas, candor, no, mujer (a fin de cuentas...), ojos sin
venda, que no lloran, que sí, que lo hacen poco a poco, balcones
autodidactas, casi, porque los balcones son lo más parecido que
existe a una vida en otra vida, porque los vecinos de balcones,
amarga vecina...No, no. Nada.
Amontono
renglones tarados en esta tarde noqueada, soy un sordo que escucha y
que después escribe que no entiende la trama. Prosa absurda.
Qué-tarde-tan-idiota.
La
existencia tiene que haber hecho trampa, la vecina barre mis
letras con el ceño fruncido y la hora en que todos duermen no
despierta. Necesito intentar esos sueños, depositarme en ese rincón
certero entre mujeres sin rostro ni voz que me observan desde
sillas inexistentes en bancos de plaza inventados, percibir así
primaveras que saben saltearse las partes aburridas y divagar casi
inconsciente en el meollo de la farsa. Inmediata-mente-no-ser-vivo.
Si
al otro día, porque “mañana” no existe... me dejo en la noche
la claridad diurna, (espejo con la luz de frente); caerán otra vez
palabras que no saben de qué se trata ser varias letras, explotará
una vecina que no podrá dejar de ser mi vecina, que no podrá ser
huella. Habrá pájaros que no aprecian que vuelan, ceniceros con
olor a noche, y yo volveré a decir que la tarde no es ninguna
víctima, autocompasivo, escritor de adorno, ¿ahora te importa el
final de este papel de aluminio, de esta tapa a rosca, de esta suela?
Animate. Poné lo que quieras, poné hangustia con hache, poné
zoledad con zeta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario